El Domingo desperté…

El domingo desperté sintiéndome muerto. Fue una sensación demasiado extraña, me hizo poner los pelos de punta. En el sueño (pesadilla para muchos), yo aparecía muerto sin saber cómo había sido mi muerte. Muerto. Nadie llorando, nadie celebrando. Silencio. Nadie me dijo que yo estaba muerto. No había luces ni fuego. Yo sólo lo supe. Estoy muerto. Lo supe de inmediato, que andaba por ese parque muerto y descalzo. Que en ese parque no había gente, y era domingo. Sólo lo supe, que andaba muerto.

El domingo desperté con esa angustia que genera el saber que uno no está como se siente: muerto. Desperté con la necesidad de abrazar a todos, por si ese sueño es parte de una premonición. Todos nos vamos a ir, ya lo sé, pero lo que no sé es cuándo. Y eso es lo que me genera esa necesidad de andar invitando a todos a tomar una cerveza. No quiero irme de este mundo sin haberles dado un abrazo primero.

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