Llorar, antes de sentir


Sábado 11 de Julio, 2015:

Primero fue la lágrima…

Cerré el libro y miré por la ventana. La lágrima siguió cayendo. No quise frenarla, quise entenderla.

Si bien tengo algunas (muchas) lecturas pendientes, como por ejemplo “La Falsa Pista” de Henning Mankell o “Crónica de una resurrección” de Lucrecia Mirad, me reencontré con un libro especial. Fue el lunes, cuando acomodaba la biblioteca. Escuché una vocecita que me decía al oído “… la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde”. Ahora estoy seguro de que eso no fue lo que en verdad escuché. Así como también estoy seguro de que hay partes de esta letra torcida por los baches que no voy a entender cuando quiera pasar esto a la PC. En realidad debo haber escuchado algo como “leeme”, y mis oídos, enamorados de la letra de Bradbury, me llevaron a esa página.

fahrenheit 451

Primero fue la lágrima, ya lo escribí más arriba. Cerré el libro en la página 19. Lo cerré para entender: ¿Por qué fue la lágrima en primer lugar?

Devoré las primeras páginas de Fahrenheit 451 como si no hubiera comido por meses. Con mucho hambre y la inocencia de quien no ha leído esta obra, aun habiéndola leído incontables veces. El lunes lo encontré. Hoy lo abrí. En el colectivo, la línea 143. Iba apurado y descontrolado. Quizás para que no le descuenten el sueldo por haberse retrasado en algún tramo. No importa. Me devoré las primeras páginas como si estuviera necesitando ese futuro literario pero tan cercano a esta realidad. Cerré el libro en la página 19.

IMG_20150712_203518

Primero fue la lágrima. Y después sentí. Sentí tristeza. Un vacío enorme, lástima. Pero lástima por mí, que me dejo llevar por la velocidad a la que se mueve el mundo. ¿Un manchón verde? Pasto. ¿Un manchón blanco? Casas. Salió la lágrima, aun sin sentimiento. Rápida, como apurando un proceso de tristeza que niego. No tengo tiempo para estar triste. No hay tiempo. No tenemos tiempo, nunca. No sé responder con claridad cuando me preguntan ¿por qué no tenés tiempo?. No lo tengo, punto. Es como la religión de mi barrio, uno hace lo que Dios dice que hay que hacer y punto.

Primero fue la lágrima. Si no miraba hacia afuera por la ventana quizás no habría sentido tristeza, y la lágrima, ahora, formaría parte de una molestia ocular o algo por el estilo. Formaría parte del olvido inmediato. No existiría siquiera este escrito, ni los boletos en los que lo estoy escribiendo.

Primero fue la lágrima, después la tristeza.

Anuncios

Un comentario sobre “Llorar, antes de sentir

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

Elena Memba

En el final surgió el principio

El Sudaca Renegau

REBELION-CULTURA LIBRE-STREET ART-TEORIA SOCIAL-FOTOGRAFÍA-MUSICA

Surrealismo Onírico

¡Bienvenidos al burdel ambulante! Solo para locos. La entrada cuesta la razón...

A %d blogueros les gusta esto: