Nicolás de Armstrong, un deportista que pudo ser más y…

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Nicolás de Armstrong

Después del cáncer vino el miedo a no poder montar jamás una bicicleta. Un testículo menos no debería ser problema para un oficinista, pero para él podía significar el final de su carrera. Empezó subiendo la escalera de a un pie por vez. Primero el pie izquierdo, después el derecho. Escalón por escalón. En un lapso no mayor a los tres años, Nicolás de Armstrong estaba en la cima. Veía el mundo con ojos victoriosos que reflejaban el brillo de las medallas obtenidas en los Tour de France. Inspiró a toda una generación de deportistas y luchadores por la vida, hasta que un día la cima dejó ver el hierro frío del tobogán. Nicolás cayó. Nadie lo esperaba en la otra punta del tobogán y el impacto fue duro, tanto que hizo que sus medallas se perdieran.

Una encuesta realizada en el 2013 dio como resultado que el 85% de sus vecinos opinaba que el problema de Nicolás había sido empezar con el pie izquierdo. Diferente sería hoy la historia si lo hubiera hecho con el pie derecho.

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